Fake plastic trees
Fueron años, no sé cuántos, y ¿Quién no tiene en el radar tremenda canción? Esta melodía se reproducía aleatoriamente en el celular, o cualquier dispositivo que estuviera de moda para escuchar música; he revisitado sus acordes innumerables veces. Le he dedicado múltiples noches de mi vida a re aprender los tiempos, la letra la he cantado para después olvidarla y, dos años después, volver a escucharla, repitiéndose todo en un ciclo interminable de visitas.
Nunca me había puesto a pensar por qué esa canción me movía tanto, y cómo, con la suerte de ver un meteorito al mirar al cielo, recordé. A muchos de ustedes no les tocó esa etapa de mi vida, pero hubo un momento crucial en mi adolescencia que yo defino como la conversión, el momento en que me convertí en músico. Pero esa es otra historia. Entrado en mis bellos años adolescentes, tenía una banda, la segunda en mi historial. Éramos cuatro, diferentes en todos los sentidos y tipos, pero teníamos un vínculo muy fuerte, todo creado por la música. Religiosamente, ensayábamos todos los viernes. Tuvimos muchos puntos altos y finalmente lo más bajo llegó y eventualmente nos separamos, simplemente la vida sucedió; si pongo un pequeño esfuerzo aún puedo dibujar con exactitud cómo estaba acomodado el cuarto donde ensayábamos. Si cierro los ojos, aún puedo oler el lugar. Para ser honesto, no era el olor más agradable; mucho rock, cerveza, cigarro y demás (Sub)stancias habían pasado por ese lugar, pero al final, se sentía como casa. Para mí, lo era.Dos o tres años después del nacimiento de la banda, tuvimos la grandiosa idea de hacer una presentación totalmente acústica. Habrá que mencionar que éramos una banda de metal, y tocar de manera acústica nos iba a desnudar en muchos sentidos. Nos iba a exponer a errores, desentonaciones y muchas otras cosas que sobrepasábamos por la emoción de hacer algo diferente y probar nuestros límites musicales. Al momento de decidir las canciones, hicimos como seis versiones del playlist (todos covers) y una o dos canciones nuestras (para ese entonces apenas teníamos dos canciones originales). Con esos playlists, vinieron un sinfín de experimentos. Convertir muchas canciones a covers acústicos, encontrar las formas, tiempos, ¿Qué va a hacer la batería? Etc. Representaba un reto para músicos novatos. Recuerdo que en ese sin fin de experimentos, nos sentábamos en modalidad acústica en el bello establo (así le decíamos al cuarto donde tocábamos, y su nombre nació gracias al olor, si, no olía bien). En ese momento, volteé a ver la lista y dije el nombre de la canción Fake Plastic Trees - Radiohead, una propuesta aventurada, de nivel, algo que nos sacaba totalmente de nuestra zona de confort, un reto. La ensayamos un par de veces y no salió tan bien. Uno o dos ensayos después, nos seguía pasando lo mismo, la fecha se iba acercando y teníamos que tomar una decisión sobre la canción. Llegó el ensayo donde teníamos que decidir las canciones, cuáles iban bien y cuáles no. Ese día, éramos nosotros cuatro nada más, cada uno sentado en su banco. Yo, con el micrófono por delante, estaba preparado en lo que podía, listo para brindar mi mejor impresión de Thom Yorke. Emprendimos el vuelo, cerré mis ojos, estaba concentradísimo, contando los compases, recordando la letra de la canción. Para cuando llegó el coro, tal como dice, estaba yo worn out, era demasiado que procesar. Abrí los ojos y vi cómo mis amigos, mis compañeros de música, solo estaban tocando, una luz tenue y un color amarillento gris alumbraban el cuarto, combinación del atardecer y nuestro foco viejo que nos negábamos a cambiar. Me comí el resto del coro, todos voltearon a verme, siguieron tocando esperando a que yo los alcanzara. En ese momento, no lo entendí así, pero algo me paralizó, algo me detuvo a apreciar ese momento. Estaba haciendo algo que le había dado sentido a mi vida con tres tipos que eran mis amigos; caminábamos juntos en la misma dirección y lo hacíamos con una sonrisa gigante en nuestros rostros. Por fin se detuvieron, bajé la cabeza, pedí perdón y dije otra vez desde el principio, cosa que no fue del agrado de un par. Hubo una pausa, seguían en duda, y dije otra vez chingao, y ahora sí canté, canté y canté. Me liberé, abrí los ojos todo el tiempo y fue la primera vez que otorgamos una versión decente de la canción. Fue de las primeras veces que con mi voz logré interpretar. Me dejé de preocupar y solo me dedique a cantar. Tristemente, la canción, aun a pesar de ese momento, no logró llegar a la lista final. Esa canción la eliminamos. No nos sentíamos tan seguros de rendir un buen tributo a tremenda canción. Hoy se puso otra vez la canción y recordé por qué esa canción me mueve. Hay que darle mérito a Radiohead por crear tremendo himno, pero mi piel se enchina y mi cabeza siente, porque esa canción me hace viajar en el tiempo, a un tiempo más simple, lleno de sueños y pasión. Me transporta a esas primeras veces que ponía en uso mis cuerdas vocales y me hace recordar lo mucho que me gustaba estar ahí con ese trío, tocando e imitando a bandas de renombre que en ese entonces le daban sentido a nuestras vidas adolescentes.
Pensándolo bien, creo que incluso con nuestras mentes adolescentes tomamos una buena decisión. La canción tuvo su momento pero, el momento fue sólo nuestro. Al terminar la canción todos aceptamos que habíamos avanzando, sin embargo no fue lo suficiente para sentirnos confiados y presentarlo frente a una audiencia. Con el tiempo puedo concluir que de alguna manera subconsciente nos regalamos una postal un recuerdo sin saberlo, algo que en ese tiempo no podíamos ni procesar pero que era algo para recordar años en el futuro. Y así lo es.
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